martes, diciembre 27, 2005


Regalos perversos
Jaime Calderón Herrera
27/12/2005
He sido un crítico de aquellos, que por tiempos como el de la navidad, dan un pedacito de lo que les sobra; muy niño supe que la caridad consistía en compartir lo que a uno le hace falta. Sin embargo, aprendí también de mis mentores cristianos, que un rico desprovisto de caridad se hacía pobre.
De esas lejanas etapas de mi vida recuerdo que se hablaba de un hombre tan pobre, que tan solo tenía dinero
En la medida que la sociedad colombiana cada día es más pobre, la caridad ha ocupado un papel más preponderante. Gentes con espíritu solidario se han organizado y hacen presencia con sus compatriotas desplazados por la violencia o por la economía. Las iglesias hacen lo propio y la Pastoral Social se destaca mitigando el hambre y dando consuelo.
La verdad es que la caridad ayuda pero no soluciona. Los problemas de los colombianos continúan siendo la falta de oportunidades y de ingreso estable. La política está para dar salida a los problemas de la sociedad. Entre nosotros pareciera actuar para agravarlos.
Un gobierno que fundamente su política social desde el asistencialismo es demagógico y perverso para los pobres. Una sociedad que empuje a sus clases medias hacia la pobreza, presiona el aumento de la indigencia.
Quien no tiene nada, está proclive a agradecer cualquier cosa y a ver en la violencia y en la delincuencia, la compensación a su indignidad. Un gran número de homicidas, al inquirirles acerca del motivo para cometer el acto criminal, responden que lo hicieron porque les faltaron al respeto.
Una sociedad con mucha indigencia y con mucha pobreza sostiene un régimen de elites. Un pueblo educado cuestiona y genera procesos de transformación social y política. Por eso, tiene razón los que aseveran que la pobreza no origina violencia política. Origina delincuencia de marginados que soporta a la delincuencia de cuello blanco y buenas maneras.
Me pregunto como solucionar el hambre sin modificar el régimen y no encuentro la respuesta. Y el régimen incapaz, incuba gobiernos y políticos que fundamentan su actuar en las dádivas. Mercados, tejas, cemento, ollas comunitarias, regalos de navidad. Si al menos se dieran dentro de procesos de cohesión y desarrollo social, podrían explicarse. Pero no. Se entregan por las primeras damas, por los gobernantes, por los políticos, exclusivamente para afanes electorales.
Detrás de las sonrisas de los niños agradecidos con los regalos navideños untados de politiquería, está la maldad del propósito. Detrás del agradecimiento de la madre cabeza de familia al solucionar con el mercado recibido, preocupaciones y angustias cotidianas, está la infamia de los politicastros.
Denuncio a gobernantes y políticos que eluden sus responsabilidades detrás de una careta de caridad. Para ello, recuerdo a San Pablo en su epístola a los Corintios: “La caridad es sufrida y benévola. No es envidiosa, ni ostentosa ni engreída. No es ambiciosa ni anda tras sus propias cosas, ni es irritable ni mal pensada. No se regocija con el mal, sino que se alegra con la verdad. Lo sufre todo, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
Colombia necesita de mucha caridad y de muy buena política. La Colombia cristiana requiere ser consecuente.

martes, diciembre 20, 2005

Los impuestos: la médula del Estado
Jaime Calderón
20/12/2005
El hecho de que una clase social imponga los impuestos y otra clase los pague, es un indicador de la corrupción de una democracia.
La colombiana ha sido corroída por tal situación, la cual se ha acentuado en las últimas reformas tributarias, en cuanto que la base social para tributar se ha ampliado tanto como se han incrementado las exenciones a los grandes empresarios, a los inversionistas extranjeros y a las gentes de grandes ingresos.
La justicia de un gobierno se mide en su orientación tributaria. Si los impuestos son progresivos y hacen parte de la redistribución del ingreso, contribuyen al desarrollo de un pueblo. Si por el contrario, son regresivos y tienden a concentrar la riqueza, acentúan la miseria y el atraso.
Se anuncia un aumento del impuesto predial, y el de industria y comercio, que incrementa la carga tributaria a los contribuyentes, quienes también serán objeto de la actualización catastral.
Sin duda hay que aumentar los ingresos a la ciudad. Pero el gran problema es la credibilidad en cuanto al manejo que se le dan a los mismos.
Los métodos utilizados por el ejecutivo para obtener el apoyo de los concejales, muestran lo de siempre: prebendas, puestos y contratos.
Nos hemos equivocado en materia grave en la elección de nuestros mandatarios y nuestros concejales. Unos y otros, han sido protagonistas en la adjudicación de millonarios contratos con dudoso beneficio social. El clientelismo y el ceveyé es el rumor popular que nadie duda, que pocas veces se denuncia y que cuando alguien se atreve, no encuentra en el aparato judicial o en los organismos de control, respuesta eficaz.
Algunos de los concejales elegidos en los últimos lustros han sido recluidos, otros sentenciados, varios investigados. Mezcla de justicia y de impunidad ha rodeado al Municipio. Fraudes electorales, sesiones a media noche, cuestionamientos y dudas permanentes, han contribuido a restarle credibilidad al foro de la democracia municipal. También es justo decirlo, que no todos los ediles pueden medirse con el mismo rasero.
El médico Luís Enrique Quiñónez, con compromiso social e inteligencia, adelanta debates al interior de la corporación pero también hacia la opinión pública. El ex alcalde Carlos Virviezcas, con ponderación y sapiencia, aporta conocimientos, experiencia y respetabilidad al Concejo Municipal. La seriedad de los argumentos y el carácter del ingeniero Carlos Alberto Morales, suma a las excepciones de un colectivo elegido por cuenta de una democracia deformada por la mendicidad e irresponsabilidad de electores de toda condición social, que se han dejado comprar por la ilusión de un contrato, un puesto o un mercado. Es probable que haya otros más con el talante de los aquí mencionados.
La misma democracia aberrante, con los mismos electores equivocados, elige a los gobernantes, con la responsabilidad de adelantar iniciativas tributarias. La propuesta del alcalde, no ha sido bien presentada, menos suficientemente argumentada, tampoco brilla la manera de conseguir el respaldo del Concejo, menos es el tiempo de hacerla, cuando los afanes electorales son la prioridad de quienes orientan los recursos del Estado, para dar respuesta a sus apetitos de controlarlo.
Señor alcalde, señores concejales, el tema tributario es el nervio de la democracia y de la justicia social. Hay que proponerlo con responsabilidad. No luce que se esté actuando de esa manera.

martes, diciembre 13, 2005

Feliz Navidad
Jaime Calderón Herrera
13/12/2005


Llega la navidad con su mezcla de diversión, relajamiento y religiosidad. Ha sido tradicional que durante este período, los gobiernos tomen medidas no populares, como antaño el alza de la gasolina, aprovechando la distracción mental de los ciudadanos y su mirada optimista hacia un supuesto y deseado próximo año lleno de prosperidad.
Ya el alza de los combustibles se hace por cuotas y no es necesario decretarla el día de los inocentes. Entonces es de esperar algo más grave para estos tiempos. Probablemente sea la firma del TLC con los Estados Unidos.
Dos de los negociadores en el tema de mayor impacto, como es el de propiedad intelectual y patentes, renunciaron. Uno de ellos, Restrepo, advirtió que lo hacía por razones éticas. Ambos coinciden que el gobierno decidió dar más de lo que debía y que la tal línea roja, la de prohibido pasar, fue levantada, por supuesto por orden del jefe de la negociación el presidente de la República.
Ya Uribe había dado muestras de ser mal negociador cuando se trata de defender al país. Pero debo reconocer que había demostrado ser un buen negociador, o mejor, muy persuasivo con el Congreso y sus políticos.
Las llamadas líneas rojas vulneradas, son ni más ni menos las que tienen que ver con los medicamentos genéricos y con la patentabilidad de nuestra biodiversidad con desconocimiento total a los derechos de las comunidades y el respeto al conocimiento tradicional.
Lo anterior significa que si se ratifica en tales condiciones el tratado, a las patentes de muchas de nuestras plantas ya patentadas, (algunos calculan que ya son más de cien), se sumará un número indefinido, por el cual los colombianos en el futuro deberemos cancelar diversas sumas por la utilización de lo que hasta ahora ha sido nuestro.
Los enfermos con bajo poder adquisitivo no podrán acceder a muchos medicamentos, los educadores y los educandos deberán pagar las franquicias por el uso de métodos pedagógicos. Los cirujanos, las EPS o los enfermos harán lo propio por usar determinada técnica quirúrgica patentada.
El TLC no es un tratado de comercio. Es una aceptación de condiciones muy favorables a los inversionistas norteamericanos. Por supuesto que estoy a favor de la inversión extranjera, pero siempre y cuando beneficie a los colombianos en términos de transferencia de capitales, de tecnología y de conocimiento. Pero lo que se está pactándose ni siquiera considera la tributación de los inversionistas.
Nada sacamos con desearnos mutuamente un próximo año de prosperidad, si nuestras acciones van en sentido contrario. Si la infausta medida del 2005, es la firma del mencionado tratado, tenderemos que estar muy alertas para comprometer a los actuales y a los próximos congresistas en la negativa a la ratificación.
Guardo la esperanza en la buena elección que hagan los colombianos, pues en la Corte Constitucional que acato, ya he perdido la fe.
Por ahora, deseo a todos los lectores una muy feliz navidad, con mi súplica para construir las bases ciertas de un futuro próspero, para lo cual hay que hacer verdaderos cambios estructurales en la economía y en la política.

martes, diciembre 06, 2005

Los anuncios de Báez
Jaime Calderón Herrera
06/12/2005
Al momento de romper el gobierno Pastrana el proceso de paz con las FARC, todos nos dolimos de la frustración. No valoro responsabilidades de los protagonistas del diálogo y del rompimiento. Recuerdo simplemente la advertencia arrogante del guerrillero Romaña, quien a voz en cuello y ante las cámaras, anunció: “nos veremos dentro de cinco mil muertos”.
¿Cuantos han dejado de existir por cuenta de los últimos tres años de guerra? Probablemente ya vamos a cumplir la siniestra cuota. Los secuestrados siguen siéndolo, las pescas continúan, la muerte se toma los caminos, la pobreza se expande, y la terquedad de los guerreros se impone.
El pasado domingo, el canal Tele Santander, difundió un interesante documento periodístico en el cual, Ernesto Báez jefe político de las AUC y el ex guerrillero del M19 Rosemberg Pabón, adelantaron un encuentro durante el cual, hicieron anuncios de verdadero impacto político. Allí Báez se dolió del sufrimiento de la guerra y en habilidosa intervención, analizó que Colombia no podía tener un presidente enemigo de las guerrillas, menos enemigo de las AUC, tampoco enemigo de ambos, pero mucho menos, amigo de uno solo de los actores de la guerra.
Sorpresiva declaración. A mi criterio, advertencia sobre apoyos electorales en el contexto de la elección y de la reelección.
También dijo Báez, que encuentra en el nombre de Álvaro Leyva la confianza para un nuevo proceso de paz donde coincidan los guerrilleros y los paras. Rosemberg Pabón, militante del Polo Democrático, entre tanto, solicitó a las FARC la liberación de Ingrid Betancourt, para completar la fórmula electoral, y según sus palabras, mover la política nacional.
El encuentro Báez-Pabón, muestra que el gobierno Uribe, preso entre las promesas de campaña y los intereses de la extradición, ha perdido la iniciativa en la guerra y en la paz. Refugiado en defender las ganancias de los grandes empresarios, incapaz de encontrar la solución militar, que muchos han creído imposible, ha renunciado a buscar por intolerancia intelectual, la solución social.
Los regaños presidenciales a las FFMM, hieren los sentimientos de la nación, tanto como la obstinación en la muerte de la FARC y los repetidos anuncios guerreristas de los generales, en el escenario trágico de la guerra, donde todos somos víctimas de la impotencia para vencer o para perder.
Las mismas imágenes, las mismas declaraciones, los mismos llantos, los mismos anuncios de derrotar al enemigo, solo dejan en evidencia que estamos en el mismo charco de sangre y de estupidez.
No habrá paz en Colombia mientras primen los intereses norteamericanos y los de una plutocracia y cleptocracia nacionales. Debemos prepararnos para debatir nuevamente el tema de la extradición y de las reformas estructurales al Estado.
Insistiendo en aislarnos de nuestros vecinos para hacer méritos con el gobierno americano, que solo tiene en cuenta sus propios intereses, encontraremos siempre obstáculos infranqueables.
La coyuntura internacional muestra que el camino es acercarnos a Venezuela, restaurar la soberanía en las decisiones de política internacional y en materia de paz. Adentrarnos en la justicia social. Para ello, hay que construir una gran fuerza política democrática que sea capaz de avanzar por caminos inéditos pero siempre sabidos. El Partido Liberal con las demás fuerzas de izquierda democrática están obligados a construir esa esperanza nacional