martes, diciembre 13, 2005

Feliz Navidad
Jaime Calderón Herrera
13/12/2005


Llega la navidad con su mezcla de diversión, relajamiento y religiosidad. Ha sido tradicional que durante este período, los gobiernos tomen medidas no populares, como antaño el alza de la gasolina, aprovechando la distracción mental de los ciudadanos y su mirada optimista hacia un supuesto y deseado próximo año lleno de prosperidad.
Ya el alza de los combustibles se hace por cuotas y no es necesario decretarla el día de los inocentes. Entonces es de esperar algo más grave para estos tiempos. Probablemente sea la firma del TLC con los Estados Unidos.
Dos de los negociadores en el tema de mayor impacto, como es el de propiedad intelectual y patentes, renunciaron. Uno de ellos, Restrepo, advirtió que lo hacía por razones éticas. Ambos coinciden que el gobierno decidió dar más de lo que debía y que la tal línea roja, la de prohibido pasar, fue levantada, por supuesto por orden del jefe de la negociación el presidente de la República.
Ya Uribe había dado muestras de ser mal negociador cuando se trata de defender al país. Pero debo reconocer que había demostrado ser un buen negociador, o mejor, muy persuasivo con el Congreso y sus políticos.
Las llamadas líneas rojas vulneradas, son ni más ni menos las que tienen que ver con los medicamentos genéricos y con la patentabilidad de nuestra biodiversidad con desconocimiento total a los derechos de las comunidades y el respeto al conocimiento tradicional.
Lo anterior significa que si se ratifica en tales condiciones el tratado, a las patentes de muchas de nuestras plantas ya patentadas, (algunos calculan que ya son más de cien), se sumará un número indefinido, por el cual los colombianos en el futuro deberemos cancelar diversas sumas por la utilización de lo que hasta ahora ha sido nuestro.
Los enfermos con bajo poder adquisitivo no podrán acceder a muchos medicamentos, los educadores y los educandos deberán pagar las franquicias por el uso de métodos pedagógicos. Los cirujanos, las EPS o los enfermos harán lo propio por usar determinada técnica quirúrgica patentada.
El TLC no es un tratado de comercio. Es una aceptación de condiciones muy favorables a los inversionistas norteamericanos. Por supuesto que estoy a favor de la inversión extranjera, pero siempre y cuando beneficie a los colombianos en términos de transferencia de capitales, de tecnología y de conocimiento. Pero lo que se está pactándose ni siquiera considera la tributación de los inversionistas.
Nada sacamos con desearnos mutuamente un próximo año de prosperidad, si nuestras acciones van en sentido contrario. Si la infausta medida del 2005, es la firma del mencionado tratado, tenderemos que estar muy alertas para comprometer a los actuales y a los próximos congresistas en la negativa a la ratificación.
Guardo la esperanza en la buena elección que hagan los colombianos, pues en la Corte Constitucional que acato, ya he perdido la fe.
Por ahora, deseo a todos los lectores una muy feliz navidad, con mi súplica para construir las bases ciertas de un futuro próspero, para lo cual hay que hacer verdaderos cambios estructurales en la economía y en la política.

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