martes, diciembre 20, 2005

Los impuestos: la médula del Estado
Jaime Calderón
20/12/2005
El hecho de que una clase social imponga los impuestos y otra clase los pague, es un indicador de la corrupción de una democracia.
La colombiana ha sido corroída por tal situación, la cual se ha acentuado en las últimas reformas tributarias, en cuanto que la base social para tributar se ha ampliado tanto como se han incrementado las exenciones a los grandes empresarios, a los inversionistas extranjeros y a las gentes de grandes ingresos.
La justicia de un gobierno se mide en su orientación tributaria. Si los impuestos son progresivos y hacen parte de la redistribución del ingreso, contribuyen al desarrollo de un pueblo. Si por el contrario, son regresivos y tienden a concentrar la riqueza, acentúan la miseria y el atraso.
Se anuncia un aumento del impuesto predial, y el de industria y comercio, que incrementa la carga tributaria a los contribuyentes, quienes también serán objeto de la actualización catastral.
Sin duda hay que aumentar los ingresos a la ciudad. Pero el gran problema es la credibilidad en cuanto al manejo que se le dan a los mismos.
Los métodos utilizados por el ejecutivo para obtener el apoyo de los concejales, muestran lo de siempre: prebendas, puestos y contratos.
Nos hemos equivocado en materia grave en la elección de nuestros mandatarios y nuestros concejales. Unos y otros, han sido protagonistas en la adjudicación de millonarios contratos con dudoso beneficio social. El clientelismo y el ceveyé es el rumor popular que nadie duda, que pocas veces se denuncia y que cuando alguien se atreve, no encuentra en el aparato judicial o en los organismos de control, respuesta eficaz.
Algunos de los concejales elegidos en los últimos lustros han sido recluidos, otros sentenciados, varios investigados. Mezcla de justicia y de impunidad ha rodeado al Municipio. Fraudes electorales, sesiones a media noche, cuestionamientos y dudas permanentes, han contribuido a restarle credibilidad al foro de la democracia municipal. También es justo decirlo, que no todos los ediles pueden medirse con el mismo rasero.
El médico Luís Enrique Quiñónez, con compromiso social e inteligencia, adelanta debates al interior de la corporación pero también hacia la opinión pública. El ex alcalde Carlos Virviezcas, con ponderación y sapiencia, aporta conocimientos, experiencia y respetabilidad al Concejo Municipal. La seriedad de los argumentos y el carácter del ingeniero Carlos Alberto Morales, suma a las excepciones de un colectivo elegido por cuenta de una democracia deformada por la mendicidad e irresponsabilidad de electores de toda condición social, que se han dejado comprar por la ilusión de un contrato, un puesto o un mercado. Es probable que haya otros más con el talante de los aquí mencionados.
La misma democracia aberrante, con los mismos electores equivocados, elige a los gobernantes, con la responsabilidad de adelantar iniciativas tributarias. La propuesta del alcalde, no ha sido bien presentada, menos suficientemente argumentada, tampoco brilla la manera de conseguir el respaldo del Concejo, menos es el tiempo de hacerla, cuando los afanes electorales son la prioridad de quienes orientan los recursos del Estado, para dar respuesta a sus apetitos de controlarlo.
Señor alcalde, señores concejales, el tema tributario es el nervio de la democracia y de la justicia social. Hay que proponerlo con responsabilidad. No luce que se esté actuando de esa manera.

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