martes, enero 31, 2006

Detrás de la utopía
Jaime Calderón Herrera
jaimecalde@yahoo.com

31/102006

La sangre, las armas y el dinero dominan al actual Congreso de la República

Nos aprestamos a estrenar una nueva modalidad para la elección de congresistas, sustentada sobre la base del llamado umbral y de la cifra repartidora, que para el elector común y aún para muchos políticos y candidatos aún suena a metafísica.

El nuevo sistema generará una representación más democrática y ayuda de manera contundente a evitar la dispersión electoral y a agrupar los candidatos en tendencias y partidos

Por cuenta del umbral – (que no es otra cosa que una cifra determinada por la ley para que una lista cualquiera en contienda, obtenga un número mínimo de votos que le otorgue el derecho a participar en la cifra repartidora)-muchos movimientos y partidos hoy vigentes desaparecerán del espectro político.

Los partidos, que a su vez solo pueden presentar una y solo una lista para Cámara y una y solo una lista para Senado, y que pasen el umbral, serán objeto de aplicación de una matriz matemática de la cual se calcula la cifra repartidora de acuerdo con la votación total, y una vez se calcule, se divide la votación de cada partido por dicha cifra, la cual asignará el número de curules a proveer.

Puede darse el caso de partidos que pasen el umbral, pero que no alcancen la cifra repartidora, y entonces no elegirán congresistas.

Esta modalidad es más democrática que la anterior. En las pasadas elecciones los elegidos, lo fueron escasamente con el 20% de los votos, es decir que el 80% de los electores votamos por candidatos que perdieron. En esta ocasión la situación será al contrario.

El problema que persiste, es a quién verdaderamente representan los congresistas elegidos. Fue de conocimiento público la aseveración de los jefes paramilitares en cuanto a que controlaban el 35% del congreso. Diferentes actividades económicas financian campañas y comprometen a los congresistas para defender los intereses particulares. Es el caso de los Seguros, la Banca, la Industria de bebidas, los grandes transportadores, etc.

¿Quién entonces representa a los 44 millones de colombianos? Muy pocos.

Esos pocos son aquellos que en lucha desigual plantean ideas, no prometen puestos ni contratos, denuncian la corrupción, la dependencia y la inequidad, poco o nada son mencionados en los medios, casi no aparecen en las pantallas ni en las vallas, ni cuentan con tropas contratadas de desempleados vestidos de chalecos , que patrullan las ciudades con costosa y abundante publicidad.

El Congreso de la República hoy, en su mayoría, representa a los grandes grupos económicos, a los paramilitares, a los mercaderes de la salud, a las EPS y ARS, a las multinacionales con intereses en la explotación de nuestros recursos naturales. Por eso coinciden los intereses de la guerra con los del gran capital nacional y foráneo, con los de la delincuencia y con los de sus políticos subalternos.

La institución del congreso es un acierto, su composición es contraria a los intereses de los colombianos. El próximo doce de marzo hay oportunidad de modificarla eligiendo congresistas, con capacidad de liderazgo, con conocimiento de los problemas, con independencia del dinero corruptor y que defiendan los intereses del 99% de los nacionales.

martes, enero 24, 2006


El presidente pisó la cáscara
Jaime Calderón Herrera
jaimecalde@yahoo.com
24/01/2006

Le fallaron los informantes al Presidente
Miles de colombianos han ido a la cárcel por cuenta de unos testigos que calumnian, vinculando a inocentes con las FARC, para recibir recompensa. De cada diez que han sido acusados y detenidos, nueve son liberados después de haber sufrido la vejación y el daño enorme a su credibilidad, a su mente y a sus finanzas.
Esta vez el colombiano infamado y calumniado resultó ser alguien con capacidad para defenderse más allá de su honorabilidad. El candidato presidencial Rafael Pardo, es un ciudadano perteneciente a la clase más distinguida de la patria, con ancestros en el poder desde los años de la independencia. Su carácter democrático ha sido probado tanto como su distancia abismal con los proyectos de la subversión. Fue ministro de Defensa de César Gaviria.
El gobierno lo conoce muy bien. Fue uno de sus apoyos decisivos en el frustrado referendo y destacado exponente de su bancada parlamentaria participando en el compromiso de la reelección, pero que se apartó definitivamente, a consecuencia de la Ley de Justicia y Paz y del proceso de desmovilización de los paras.
Por tanto resulta incomprensible que el Presidente haya cometido tan garrafal error, al intentar enlodar al precandidato liberal, sin prueba alguna.
Es bien sabido que en política hay que cuidarse de atacar de cualquier manera, pues lo atacado se expande, según dicen los tan acreditados expertos en marketing político, y del cual depende tanto Álvaro Uribe.
Me aventuro entonces en la hipótesis según la cual, los informantes probablemente de hablar enredado y por lo mismo de credibilidad para el gobierno, le filtraron una información para hace trastabillar a un gobierno que desde hace rato se les antoja incómodo y de paso ayudar a la oposición de confianza.
Los principales actores políticos del uribismo son destacados, inteligentes e importantes exponentes de la oligarquía nacional (Vargas Lleras y Juan Manuel Santos), pero el régimen se encuentra deslegitimado por cuenta del apoyo paramilitar, el cual es de conocimiento público. Otro amplio sector de nuestra oligarquía, se alindera al lado de la férrea posición ética de Rafael Pardo. Así los amigos de la plutocracia sustentan su posición en un triangulo compuesto por dos fuertes lados hoy magullados después del incidente y por un renovado y fortalecido Pardo.
Mi imaginación me ha llevado a concluir la ficción, con la certeza de que Pardo y Uribe han sido objeto y actores de una estrategia que nunca imaginaron, y menos calcularon, pero que resultó debilitando enormemente la credibilidad del presidente en tanto que catapultó la imagen del precandidato liberal. Los efectos políticos del incidente han sido mayúsculos.
La preocupación por la infamia ajena surge de de la debilidad de la fama propia. La debilidad política de la reelección es evidente. No obstante la imagen altamente positiva de Uribe y su gobierno, los ciudadanos han expresado paradójicamente en las encuestas, que menos de la mitad acompañarán la aventura de la reelección.
El partido liberal repunta en la campaña: Gaviria se apunta el éxito de denunciar enfáticamente el apoyo paramilitar al régimen, recogiendo viejas y permanentes denuncias de Serpa y Piedad Córdoba, Rafael Pardo acrecienta su prestigio, y el liberalismo parece consolidar la fórmula para la primera vuelta : Serpa presidente y Pardo vicepresidente .

martes, enero 10, 2006


El regreso del rey sol
Jaime Calderón Herrera
jaimecalde@yahoo.com
08/01/2006


Puedo asegurar que es así.
En esa nación adoran al Sol. Lo aman, lo buscan, y como a todo dios también le temen. Miles de los pobladores sagradamente hacen la peregrinación al terminar un año e iniciar el siguiente. Con vocación asumen la aventura de transitar caminos rotos, repletos de trampas, muchas de ellas mortales. Aglomerados viajan grandes distancias, ascienden montañas, descienden a valles calurosos, asumen los riesgos del peregrino, para llegar al lugar donde el rito de adoración se combina con la inmersión.
Los peregrinos adoptan nuevos trajes. Su vestido formal se transforma en prendas con escaso cubrimiento a sus cuerpos, y el nuevo calzado permite descubrir el maltrato de sus extremidades y en no pocas veces la secuela de las micosis.
El rito comprende la unción de aceites, en ocasiones para bloquear que su dios actúe, pero paradójicamente en otras, para lo contrario: para que los rayos ultravioletas, expresión de la divinidad, los convierta en bronce y de tal forma adquirir una caracterización de semidioses.
Cubren sus ojos con adminículos que impiden ver la dirección de sus miradas, extienden sus cuerpos sobre extensiones de arena, uno al lado del otro, en curiosa disposición de cangrejos. Los pequeños corren a su alrededor con palas y recipientes en comportamiento de albañiles. Unos pocos hacen el rito de inmersión en agua salada con alta concentración de E. Coli, mientras el grueso de los adoradores cambia su posición supina a prona, con una regularidad regida tal vez, por tiempos solares.
Sonidos estridentes opacan la melodía rítmica del ir y venir del agua. Mercaderes de todo tipo de baratijas ofrecen sus productos y sus viandas, entre dialectos y acentos pronunciados por gentes de piel tornasolada mezclados con ébanos, con rubicundos, con chocolates, con aperlados, todos con su cáscara distorsionada por los rayos de su dios.
Al caer la tarde, el naranja del horizonte anuncia el cambio de ritual. El dios inicia su descenso a la profundidad. Su destino es hundirse diariamente en cópula total con la divinidad del mar, transformando sus colores azules y verdes, y su espuma blanca, en una inmensa negritud, desde donde salen los cantos de sirena.
Tales cantos develan su identidad y seducen a su feligresía. Cuentan historias de cuando el sol fue humano y se hizo rey de Francia, alaban sus hazañas, dicen que iluminó a Hobbes y a Bodino, antes de hacerse hombre. Todos pudieron saber que el absolutismo es divino. Luego ya hecho humano iluminó a Colbert, para que todos asumieran que la economía es para ponerla al servicio de la política del rey y no para resolver problemas sociales. Así, todos pudieron comprender que los privilegios son para los poderosos, y que como Nietsche lo dijera, hay que protegerlos, a ellos, a los fuertes, de los débiles.
El sol, se ha hecho hombre, se ha hecho rey y por tanto “el bien del Estado es la gloria del Rey”. El rey es el rey y también sus ministros.
Alabanzas, el dios sol ha regresado como hombre, ya no en Francia, ha decidido cruzar el Atlántico. Lo oí decir en sus cantos a la sirena. Muchos fueron detrás de ella, a medida que el dios hundía su luz y con ella cegaba a muchos miles, tal vez millones que lo siguieron hacia la oscuridad de un mar negro que se nos anunció a todos, será rojo.

martes, enero 03, 2006

¿Más impuestos?
Jaime Calderón Herrera
02/01/2006
No es de buen agrado subir los impuestos y mucho menos hacerlo en la época decembrina, cuando la gente no está muy atenta a estas decisiones y menos aún, que los incrementos superen los índices de inflación esperados, para el ejercicio que termina o los proyectados para el siguiente año. Es de muy mal gusto, que en medio de la fiesta, de la francachela y la comilona, la administración municipal y los concejales que orquestaron ese ritmo, hayan aprovechado los últimos días del año y en pleno jolgorio, nos sorprendan con tremendo regalo a cargo de nuestro propio bolsillo.
El tema de los impuestos, como el de la política fiscal en el país, debe ser un tópico altamente expuesto y debatido por toda la ciudadanía, para que exista plena conciencia del alcance de los mismos y un compromiso serio y abierto, por parte del ejecutivo sobre las inversiones a realizar. Eso de tapar huecos fiscales con el esfuerzo presupuestal de los contribuyentes ha sido una práctica nefasta de la administración pública, que para corregir los errores de la politiquería, no encuentra otra salida que la de gravar con nuevos tributos a los ciudadanos.
La hacienda pública, como su nombre lo indica, debe ser analizada en escenarios públicos, donde exista una amplia participación en el debate, donde se puedan plantear y discutir los más variados argumentos y donde se tenga en cuenta la opinión de los diversos voceros, antes de tomar las decisiones con la óptica de los dividendos electoreros que produce una torta presupuestal ampliada. Los temas presupuestales deben presentarse en un ambiente más propicio y deben obedecer a una planeación de las finanzas públicas, las cuales tenemos como ciudadanos, el derecho de conocer desde la misma época en que los aspirantes a cargos de elección popular, se encuentren en campaña.
Eso de presentar a discusión un presupuesto con fuertes incrementos en la tasa impositiva, en la parte alta de las deliberaciones y con el tácito mensaje de urgencia, deja el sabor amargo de hacerlo casi a las espaldas de la ciudadanía y cuando buena parte de los generadores de opinión se encuentran en reposo, es decir en silencio. Nos parece que los impuestos pueden tener unos mecanismos de actualización, acordes con las variaciones de precios en la economía. Existen en el mercado diversas fórmulas de ajuste, una de ellas el índice de inflación que para el año que terminó, estuvo muy cerca del 5.5%; otra medida puede ser el reajuste aplicado al salario mínimo, que comienza a regir en éste mes de enero y que tuvo un incremento cercano al 7%, siendo éste el indicador que servirá de referencia para muchas decisiones económicas durante el 2006.
Si los presupuestos familiares van a recibir en sus ingresos, incrementos alrededor de los porcentajes señalados anteriormente, no resulta equitativo que los tributos lo hagan en porcentajes superiores; porque, entonces, le estamos quitando capacidad de compra a las familias y con ello se contrae la demanda de bienes y servicios en el conjunto de la economía, en este caso local y regional. Se dirá que estamos nivelando tasas con otras ciudades, pero no se nos debe olvidar que estamos en Bucaramanga y que debemos administras nuestra propia realidad.