martes, enero 24, 2006


El presidente pisó la cáscara
Jaime Calderón Herrera
jaimecalde@yahoo.com
24/01/2006

Le fallaron los informantes al Presidente
Miles de colombianos han ido a la cárcel por cuenta de unos testigos que calumnian, vinculando a inocentes con las FARC, para recibir recompensa. De cada diez que han sido acusados y detenidos, nueve son liberados después de haber sufrido la vejación y el daño enorme a su credibilidad, a su mente y a sus finanzas.
Esta vez el colombiano infamado y calumniado resultó ser alguien con capacidad para defenderse más allá de su honorabilidad. El candidato presidencial Rafael Pardo, es un ciudadano perteneciente a la clase más distinguida de la patria, con ancestros en el poder desde los años de la independencia. Su carácter democrático ha sido probado tanto como su distancia abismal con los proyectos de la subversión. Fue ministro de Defensa de César Gaviria.
El gobierno lo conoce muy bien. Fue uno de sus apoyos decisivos en el frustrado referendo y destacado exponente de su bancada parlamentaria participando en el compromiso de la reelección, pero que se apartó definitivamente, a consecuencia de la Ley de Justicia y Paz y del proceso de desmovilización de los paras.
Por tanto resulta incomprensible que el Presidente haya cometido tan garrafal error, al intentar enlodar al precandidato liberal, sin prueba alguna.
Es bien sabido que en política hay que cuidarse de atacar de cualquier manera, pues lo atacado se expande, según dicen los tan acreditados expertos en marketing político, y del cual depende tanto Álvaro Uribe.
Me aventuro entonces en la hipótesis según la cual, los informantes probablemente de hablar enredado y por lo mismo de credibilidad para el gobierno, le filtraron una información para hace trastabillar a un gobierno que desde hace rato se les antoja incómodo y de paso ayudar a la oposición de confianza.
Los principales actores políticos del uribismo son destacados, inteligentes e importantes exponentes de la oligarquía nacional (Vargas Lleras y Juan Manuel Santos), pero el régimen se encuentra deslegitimado por cuenta del apoyo paramilitar, el cual es de conocimiento público. Otro amplio sector de nuestra oligarquía, se alindera al lado de la férrea posición ética de Rafael Pardo. Así los amigos de la plutocracia sustentan su posición en un triangulo compuesto por dos fuertes lados hoy magullados después del incidente y por un renovado y fortalecido Pardo.
Mi imaginación me ha llevado a concluir la ficción, con la certeza de que Pardo y Uribe han sido objeto y actores de una estrategia que nunca imaginaron, y menos calcularon, pero que resultó debilitando enormemente la credibilidad del presidente en tanto que catapultó la imagen del precandidato liberal. Los efectos políticos del incidente han sido mayúsculos.
La preocupación por la infamia ajena surge de de la debilidad de la fama propia. La debilidad política de la reelección es evidente. No obstante la imagen altamente positiva de Uribe y su gobierno, los ciudadanos han expresado paradójicamente en las encuestas, que menos de la mitad acompañarán la aventura de la reelección.
El partido liberal repunta en la campaña: Gaviria se apunta el éxito de denunciar enfáticamente el apoyo paramilitar al régimen, recogiendo viejas y permanentes denuncias de Serpa y Piedad Córdoba, Rafael Pardo acrecienta su prestigio, y el liberalismo parece consolidar la fórmula para la primera vuelta : Serpa presidente y Pardo vicepresidente .

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