martes, febrero 21, 2006


Abandonar la crítica es alcahuetear
Jaime Calderón Herrera
jaimecalde@yahoo.com
21/02/2006

Hasta tanto no se modifiquen las bases del sistema económico y social de Colombia, no habrá oportunidad para los jóvenes, satisfacción para los de edad mediana, ni solidaridad con los ancianos.
Llevamos quince años de reformas que han convertido al Estado en un padre irresponsable que regala los activos de la casa, se despreocupa por la salud y la educación de sus hijos, abre las puertas al matón del barrio, concentra la riqueza en unos pocos y aumenta la miseria en la mayoría de sus vástagos. Su mayor logro es alentar la pelea entre hermanos, y mantener las vías llenas de huecos y soldados.
En el estado actual de cosas, los pequeños empresarios luchan por actualizarse en sus buenas prácticas de manufactura y en certificarse en procesos de calidad, buscando la competitividad de sus empresas y mantener el empleo a sus trabajadores. Son verdaderos héroes y titanes.
El régimen actual, abriendo indiscriminadamente el mercado al inversionista extranjero en condiciones excepcionalmente adversas a los intereses nacionales, sentencia en un próximo futuro la eliminación del productor nacional y del empleo estable.
Una empresa extranjera, con apalancamiento financiero millonario en dólares, con tecnología subsidiada y de última generación, entra en competencia desleal con el esfuerzo criollo y además con las normas protectoras que lo eximen de pagar impuestos sobre las ganancias obtenidas en nuestro suelo. Así es la propuesta que se muere de ganas por firmar nuestro presidente, en el mal llamado TLC.
Cualquier ciudadano que haga una transacción comercial, paga una suma importante en impuestos, mientras que los propietarios de grandes empresas como Bavaria, con argucias y tecnicismos jurídicos, eluden el pago de impuestos de la transacción más importante en la historia económica del país, con el beneplácito de los gobernantes. Este es tan solo uno de los miles de ejemplos que podemos citar, en cuanto a la forma como el régimen trabaja incansablemente para favorecer a los poderosos y engañar a los débiles.
No obstante la intención del régimen, he podido constatar a o largo y ancho del departamento, el despertar de los santandereanos. Al lado de las interminables quejas contra el sistema de salud y contra el sistema educativo, se suman las necesidades de ingreso, vivienda y alimentación. Es decir, la mayoría de los santandereanos tanto como la mayoría de los colombianos, se quejan de carecer lo esencial, lo mínimo para tener una vida digna. Ese es el paraíso que nos pinta el régimen pastrano- uribista.
Hay catorce partidos y movimientos que han construido su propuesta en apoyar el actual régimen. Solamente dos, el Partido Liberal y el Polo Alternativo, se han manifestado abiertamente como fuerzas opositoras. Mi partido, el Liberal, se ha comprometido con un programa social demócrata que reivindica la necesidad de un Estado responsable y regulador, que distribuya equitativamente la riqueza producida, que comercie en condiciones dignas con los mercados de los demás países, que privilegie a los ciudadanos manteniendo la salud de la macroeconomía, que esté dispuesto a renegociar la deuda externa, en fin, en dar un cambio total a la dirección que lleva el país.
No sigamos el juego de quienes nos piden no criticar pues no hacerlo es alcahuetear. Criticamos al paso que proponemos. Hoy propongo un apoyo absoluto al Partido Liberal y a las fuerzas democráticas del país.

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