martes, febrero 14, 2006








Falsos líderes
Jaime Calderón Herrera
14/02/2006
No hay suficiente política ni suficiente democracia en el país, mientras abunda la sinvergüencería, la compra de votos, la coerción y el constreñimiento electoral.
He tenido la oportunidad reciente de mirar con ojo académico el comportamiento de las campañas electorales y su desenvolvimiento “natural”, lo cual me ha permitido concluir lo anteriormente mencionado.
En primer lugar, quien intente hacer política es mirado como leproso. Los centros comerciales, los conjuntos habitacionales, los puntos de encuentro de ciudadano jóvenes y viejos , en su mayoría, reprimen la actividad proselitista como si ella no fuera tan importante para la vida misma de un sistema supuestamente democrático que decimos defender.
En segundo lugar los medios de comunicación castigan severamente el costo de la publicidad política haciéndola onerosa con sobreprecios de un 50% y hasta un 200%, sobre la publicidad comercial, como si entrañara en sí mismo un pecado. Los candidatos capaces pero sin dinero no alcanzan notoriedad.
En tercer lugar, la apatía sobre los temas públicos, hacen que el respaldo electoral se manipule mediante los medios y se construya sobre una estructura de “líderes” que en el mayor número de los casos carecen precisamente de liderazgo, pero que son mercenarios de la actividad, al igual que muchos de los candidatos.
Un líder verdadero es aquel que ofrece su acción y su pensamiento como camino a la solución de los problemas sociales. Un líder va a la vanguardia, tiene carisma y reconocimiento. No está a la venta, se compromete y compromete a sus seguidores tanto como a otros líderes. Enfrenta enemigos por sus ideas y no cultiva enemigos por su forma de accionar. Conozco en la actividad política, líderes de verdad como Hermes Pineda y como Piedad Córdoba, entre muchos otros.
Atosigan los falsos líderes que dicen “manejar” gente, “poner” votos. En su lenguaje aparece la palabra “colaboración” que siempre supone un acuerdo comercial del voto. Los falsos líderes se cotizan y se venden por la “colaboración”, en ellos no hay convicciones ideológicas ni menos militancia partidista. Piden y piden. Un puesto, un contrato, para el bus, para el almuerzo, para la fiesta de quince de la hija, para la fórmula médica, para el teléfono, piden para todo. Nunca piden honestidad, compromiso, dedicación en el trabajo de un congresista. No hay interés real en la solución de los problemas de la sociedad. En ocasiones fungen de ediles, otra veces de concejales, de dirigentes veredales o de acciones comunales, también de candidatos.
Solo les interesa el dinero, no importa de donde provenga. Pasan sin sonrojo de unos partidos a otros.
Los ayer uribistas de Iván Moreno, anapistas sin fuerza para alcanzar el umbral, ahora esperan que la izquierda reunida en el Polo Alternativo, y oposicionista, los elija. ¡El Polo vistiendo los “santos” de la Anapo! ¡Vivir para ver!
Los falsos líderes al final ponen muchos votos. Los estudios sobre el tema afirman que hacen alrededor de un tercio de la votación, mientras la manipulación mediática pone otro tercio. Los demás somos la semilla para darle a Colombia democracia, política y decencia.
Debemos construir el futuro de la nación con desprecio a los falsos liderazgos y abrazando las propuestas con compromiso por la vida digna y honesta de sus integrantes. ¿Está usted de acuerdo?

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