sábado, marzo 18, 2006

Se consolida el régimen
Jaime Calderón
14/03/2006
Los electores tomaron decisiones fundamentales para el futuro de la nación. El régimen se aseguró por su parte de que fuera a su favor. La coyuntura presentaba la opción de profundizar el modelo político y económico denominado neoliberal o de cambiar el rumbo. Optaron los votantes por la continuidad, aunque no creo que en su mayoría haya sido de manera consciente. La contienda definió sobre el TLC. La bancada mayoritaria elegida, lo ratificará.
El partido liberal salió severamente golpeado y la gestión de César Gaviria fracasó. En el Congreso del Partido Liberal, sus seguidores habían despedazado el proceso de democratización de la colectividad, y quienes creyeron ver en tal acción el camino de la unidad liberal, lo que hoy pueden recoger es la derrota.
En los próximos días, muchos “liberales” buscarán las formas de deslizamiento hacia el uribismo y no será extraño encontrarnos con propuestas para entregar al partido de la oposición a su antagonista.
En Santander la mayoría escogió a Convergencia Ciudadana. La izquierda regional, agrupada en el Polo Democrático Alternativo, escogió como su auténtico representante a René Garzón. Felicitaciones.
El gobernador salió fortalecido, los conservadores perdieron una Cámara y tanto Cambio Radical como la U, no alcanzaron la cifra repartidora.
Algunos electores me confesaron que su voluntad fue doblegada por la presión ejercida por sus patronos, quienes los coaccionaron para conseguir electores a riesgo de perder sus cargos o sus contratos. Otros muchos cedieron su voto ante los regalos que en muchas oportunidades fueron los mismos billetes. En unos, la cobardía disfrazada de pragmatismo y en otros, la indecencia derivada de la exclusión, viciaron el proceso electoral.
Lo anterior no disculpa la derrota electoral del Partido Liberal. La oposición al régimen no logró la credibilidad suficiente. El jefe único de la colectividad, había sido el impulsor de la “Apertura económica”. Uno de sus precandidatos presidenciales, hasta muy recientemente había oficiado como escudero del presidente y los candidatos al Congreso más visibles, ofrecieron al elector sus desgastadas caras y sus mismas cantaletas. En esas condiciones el trapo rojo no pudo despertar el fervor deseado. Este desastre no puede ser pasado con paños de agua tibia, ni menos con entregas indecorosas. Se impone la citación a un Congreso liberal en el menor tiempo posible, respetando los estatutos y desatando los amarres con el pasado, para terminar la depuración del partido y consolidar una minoría que oficie de masa crítica, coherente tanto en la ideología como en la acción, para adelantar un lucha política intensa, orientada a consolidar una coalición democrática que enfrente al régimen en las presidenciales.
Si bien unos fueron cobardes y otros vendieron su voto, muchos pero muchos, simplemente pensaron que el uribismo y sus voceros representan bien sus intereses. Eso es respetable aunque a mi juicio están equivocados.
Hice parte de la lista a la Cámara liberal. Obtuve alrededor de siete mil votos. Mis propuestas y mi liderazgo no contaron con el suficiente favor de los santandereanos. Agradezco a todos los que votaron por mí. A los que aportaron a la campaña su esfuerzo, su dinero, su voluntad, mi gratitud. Las derrotas en la política nunca son indignas. Defenderé mis convicciones hasta el último de mis días. Apoyé a Piedad Córdoba y hoy es senadora.

domingo, marzo 12, 2006

Lo mismo de antes
Jaime Calderón Herrera
jaimecalde@yahoo.com
07/03/2006

Santander es feudal. Por doquier encuentro excluidos de la ciudadanía. Paisanos sin educación, transitando por caminos de la edad media, cargando al cinto un teléfono móvil, que en lugar de mejorar su condición, les extrae de sus bolsillos los menguados ingresos.
Son santandereanos sin agua potable, sin alcantarillado, viviendo a la orilla del río, con la incertidumbre de una inundación, o al pie de la montaña en espera del derrumbe. Pero eso sí, en las calles de sus pueblos, donde la ausencia del Estado es evidente, se encuentran a mano los videojuegos que esclavizan jóvenes en el vicio del azar.
Viajar por Santander produce reflexión. Tierras fértiles a más no poder, enclaustradas entre montañas, sin salidas, habitadas por campesinos paupérrimos que observan amilanados a sus amos feudales, subidos orondos en doble transmisión, vistiendo poncho y sombreros alados.
La miseria al lado de la opulencia. La señal del satélite llegando a la cloaca. El fruto ubérrimo que no produce progreso. El mundo moderno haciendo más severa la esclavitud.
Con qué dolor me he cerciorado de la desaparición de los centros de salud. Edificaciones antes hospitalarias, hoy solo son centros de negación, con puertas que únicamente abren ante el dinero.
La industria ha desaparecido. Persisten los danzarines del fique, como testigos de un trabajo intenso, que no genera ingresos ni para morirse. Provincias aquí y allá que no construyen oportunidades distintas a las de la violencia. Sociedad generadora de desplazamientos hacia los centros urbanos que amontonan ilusiones frustradas. Acordonamiento de rencores y de mendigos, todos débiles sujetos fáciles de manipular, buscando en el arma corta o en el filo de la blanca, una manera de mejorar la estima. Identificados con la fuerza para sentirse poderosos.
La sociedad santandereana, reflejo de la colombiana, deja en evidencia que caminamos en el sentido contrario al progreso. Hemos sido y seguimos siendo ricos. Pero la pobreza es la constante.
En tiempos precolombinos, entre disputas nos encontraron los saqueadores del oro. En tiempos del petróleo, entre peleas intestinas, los saqueadores del fósil y del carbón, han hecho su negocio.
En el siglo XXI, cuando las ganancias para mantener el bienestar y la opulencia de los países privilegiados, se obtendrán de la manipulación transgénica de las especies vivas, nosotros como siempre, tenemos los recursos naturales, pero al igual que antes, carecemos del conocimiento, de la tecnología, del músculo financiero, pero sobre todo, carecemos del valor para defender lo propio y construir el progreso
Somos los colombianos, dueños del 15% de la diversidad biológica del planeta, esa en la que la mirada codiciosa de los inversionistas en la “Industria de la vida”, han puesto atención, para mediante su manipulación, y la expropiación del conocimiento tradicional, convertirla en fuente de dinero.
Aceptamos con ignorancia, con ingenuidad, y algunos con perversidad, las normas de protección intelectual y patentes del TLC, que dan la exclusividad, a los descubridores del genoma humano y hoy, poseedores de la manipulación genética de los seres vivos, a desarrollar su negocio con nuestros recursos, sin réditos para la nación, dentro de una ambigua aceptación de proteger al medio ambiente.
El próximo debate electoral se ha convertido en un referendo sobre el TLC. Quienes apoyen a candidatos uribistas, ratificarán su aprobación. Quienes elijan a los candidatos de la oposición, habrán optado por la NO ratificación del tratado.