martes, abril 18, 2006


Nunca ha sido fácil vencerla
Jaime Calderón Herrera

jaimecalde@yahoo.com

18/04/2006

Quienes se arropan en ella, son generalmente poderosos. La soberbia los hace ver de mayor tamaño, pero es la falsa ilusión de grandeza que produce la insania. En tal condición supera la voluntad del poseído, lo traiciona. Pero también lo hace más temible y por tanto menos vulnerable.

Los pueblos han tolerado la soberbia de los poderosos pero han sido implacables con la soberbia de los débiles. Cuando así ha sucedido, los éstos últimos han sufrido.
La soberbia impide corregir los errores, en la medida que enceguese, que no deja ver los defectos. Entonces, quien la padece termina incorporando la falla como una virtud.
El mesianismo se fundamenta en la soberbia, la cual actúa haciendo creer ilusiones de logros, de éxitos, como si fueran exclusivamente dependientes del soberbio. Para éste, la soberbia no existe, se le oculta a sí mismo y se convierte en el impulso inconciente y permanente de búsqueda de admiración y acatamiento.
Sócrates diferencia a los soberbios débiles, cuyo destino es ser objeto de burlas, de los soberbios fuertes, quienes concentran indefectiblemente su fuerza en la venganza, el terror y el odio.
Napoleón Bonaparte ha sido en la historia, un símbolo de arrogancia y soberbia. Su investidura imperial la hizo por sí mismo en presencia del Papa Pío VII, a quién había logrado convencer que se trasladara a coronarlo.
El soberbio se considera superior pero tiene la gran debilidad de depender de la alabanza de los demás. En tal condición no tolera la crítica, por el contrario, la confronta para eliminarla. Si no recibe elogios, el soberbio sufre, se considera incomprendido. Le tiene pánico a hacer el ridículo, y por tal razón, muchos aseguran que el soberbio carece del sentido del humor.
Lo contrario de la soberbia es la humillación, la cual es la exageración de la humildad. Ambos extremos son indeseables y alejan al sujeto de la realidad.

La soberbia le resta sabiduría al inteligente y hace cometer errores al astuto.

En algunos textos bíblicos podemos encontrar la referencia a la soberbia, como el mismísimo origen del mal. “La soberbia es odiosa a Dios y a los hombres”. “La soberbia es al paladar dulce como la miel, pero en lo que toca al alma, es como veneno de cobra”.

En la pasada Semana Santa, el Papa dijo: la soberbia, el poder y el dinero hacen al hombre inmundo.

Resalto estas palabras, en una sociedad colombiana farisaica, donde todos los valores han venido cediendo hacia los de una sociedad mafiosa, y donde el éxito se sustenta en el dinero el cual a su vez compra el poder. De allí se desprende la soberbia hoy aceptada por muchos.

No podemos esperar generosidad de los soberbios. La mezquindad es generalmente su complemento. Si nos atenemos a la definición, la soberbia es la cólera expresada con palabras altivas; todos debemos cuidarnos con nuestro lenguaje, pues una vez lanzada una frase no es posible recogerla.

La palabra más que la mirada devela nuestras almas.

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