martes, mayo 02, 2006

¿Muy pingos?
Jaime Calderón Herrera

jaimecalde@yahoo.com

02/05/2006
Todas las guerras han tenido motivación económica con diferentes pretextos, en distintos tiempos y en diferentes lugares
Muchas naciones se arman para dominar a otras, para apoderarse de los recursos conquistados, para conquistar mercados para sus productos.
Nosotros, los colombianos, nos hacemos la guerra, nos matamos unos a otros, para que gentes de otras partes exploten nuestras riquezas, nos vendan sus productos, en tanto que a los nuestros, les cerramos las puertas. O lo que es peor, abrimos expectativas a costa de renunciar a certezas.
Al lado de las dificultades generadas por el entorno mundial, somos campeones en crearnos nuevos y difíciles obstáculos para nuestro progreso.
El principal proviene de nuestra propia mente. Imaginamos estar mejor de lo que estamos; tenemos falsa conciencia de ombligo, creyéndonos que el mundo se preocupa por nosotros, aceptamos lo foráneo como lo mejor, en espera que algún extranjero nos regale la receta mágica que solucione nuestra desgracia. Mientras, negamos la construcción colectiva, porque una fe ciega, en el poder de un solo hombre, nos lo impide.
El mundo ha concentrado la riqueza en unas cuantas corporaciones, las culturas han perdido terreno frente al modo de vida americano, las enfermedades aumentan por culpa de dicha cultura, no obstante los avances de la ciencia.
La ciencia avanza a medida de las necesidades de la industria y de sus ganancias y no por cuenta de las necesidades del hombre.
Los colombianos contamos con uno de los nuestros como poseedor de la fortuna número 140 del mundo. Al lado de ello, podemos comparar nuestras vidas con las de Sudan, Nigeria y el Congo.
Nuestra sociedad es de las más inequitativas del planeta, dos personas concentran el 10% de Producto Interno Bruto (PIB).
K. Galbraith, el sabio economista que predijo la concentración de la riqueza en pocas corporaciones y el aumento del hambre mundial, acaba de morir en Philadelphia. El asesor de Keneddy y de Clinton murió habiendo comprobado sus apreciaciones como ciertas. En nuestro patio, los más de los economistas y de los políticos, no quisieron creer en Galbraith. Tampoco ahora le hacen caso a Stiglitz.
Para nosotros, cambiar nuestro modelo de desarrollo, es un imperativo para lograr el progreso, pero también para allanar el camino hacia la paz. Otros, suramericanos también, lo han intentado y lo han logrado. Perseverar en el modelo actual nos mantiene en la guerra y en el atraso.
Tenemos quiénes lideren el proceso hacia adelante. Horacio Serpa, Iván Marulanda, Mauricio Cabrera, César González. Tres santanderanos y un paisa y muchos más y muchos más santanderanos.
Muy pingos, si no creemos en ellos. jaimecalde@yahoo.com

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