miércoles, junio 14, 2006


Compraventa
Jaime Calderón Herrera

jaimecalde@yahoo.com

13/06/2006

En 1993 el presidente de entonces, sancionó la ley que transformó profundamente el sistema general de seguridad social en salud.

En concertación con el Congreso de la República, ese gobierno impulsó una reforma que acomodaba la prestación de servicios de salud, al modelo adoptado por presiones internacionales y que en resumen, convierte todo lo público en privado y todo lo existente en mercancía, en objetos de lucro, regulado al final por una gran organización global, la Organización Mundial de Comercio.

Justificaron la reforma con los siguientes argumentos:
Baja cobertura del modelo existente.
Corrupción en el sistema de salud. Ineficiencia e inequidad en la prestación de los servicios.
Se propuso entonces universalidad, equidad y solidaridad.
Incrementaron los aportes al doble.
Trece años después no hay universalidad, cuatro de cada diez colombianos no tienen acceso a los servicios, los que en teoría tienen el derecho, en la práctica no logran ejercerlo y quienes lo hacen, requieren mucha, pero muchas veces, de tutelas para obtener una mediana atención, que casi en ningún caso es oportuna.
El sistema está diseñado en forma no equitativa, pues hay varios “planes obligatorios de salud”, uno subsidiado, otro contributivo y otro de subsidios parciales y es además tramposo.
Por ejemplo, para el régimen subsidiado se tiene derecho al llamado cuarto nivel, pero no al tercero. Se tiene derecho a ser atendido para enfermedades tales como el cáncer o las cirugías del corazón (IV nivel), pero no se tiene derecho a que se le practiquen los exámenes de diagnóstico correspondientes (III nivel). Es como tener derecho a entrar a un cuarto piso, para lo cual es indispensable pasar por el tercero, a cuyo acceso se está prohibido.
Sin corregir la cobertura, ni la inequidad, ni la ineficiencia, la reforma del 93 no fue solución. Tampoco disminuyó la corrupción. ¿O sí?
En cambio, exterminó la relación médico paciente, destruyó las bases humanísticas y profesionales de la medicina, enriqueció desproporcionadamente a los comerciantes, es decir a los intermediarios en la prestación de los servicios, y deterioró los índices de salud pública.
La culpa, si cabe el término, no es de los comerciantes. Ellos están ahí para hacer negocios, es decir comprar y contratar barato y ofrecer servicios al menor costo que les permitan. Y en Colombia todo ha sido permitido.
Mientras el modelo de seguridad social se fundamente en la consideración de que los pacientes, los médicos, las enfermeras, los hospitales, los medicamentos, las funerarias, la comida de los hospitalizados, los insumos, son mercancías y objeto de negocio, no habrá esperanza, ni siquiera con cobertura universal, pues ella solo logrará mejorar el negocio, pero no la atención de los enfermos. El control y la propiedad de todo, en una sola entidad, es lo que han dado en llamar integración vertical.
La reforma que se hundió, era una reforma mínima, yo diría que casi cosmética, pero afectaba a la Empresas Promotoras de Salud (EPS), limitando la Integración vertical. Y ningún negociante permite, mientras pueda, que se limite su quehacer con las mercancías. Los negociantes de la salud, como saben comprar y vender, compraron para luego vender mejor.
El comercio es la salud para una nación, pero la salud de los nacionales no debe ser objeto de comercio. Mucho menos regida por el libre comercio.

martes, junio 06, 2006

Soledad en red
Jaime Calderón Herrera

jaimecalde@yahoo.com

06/06/2006



Una característica de los tiempos actuales es la de la soledad.

La paradoja moderna se constituye, en la medida que los seres humanos viven en mayor número en grandes centros urbanos donde pierden la memoria de sus vecinos, de los olores, de los sabores, para terminar adoptando nuevos hábitos comunes a muchos, pero dentro de un anonimato que los aísla y los condena a la soledad.
No pareciera que tal condición resultase en beneficio para los habitantes del planeta. Para algunos, la soledad está reservada para los seres excepcionales, ya sean éstos deidades o bestias. En cualquier caso, al menos las religiones han desaconsejado la soledad.
La vida contemporánea ha endiosado a la ciencia y a la tecnología, las cuales hoy nos brindan muchas ayudas para valernos solos, y cada día depender menos de los demás. No obstante, se acepta casi por consenso, que nada de lo científico o de lo tecnológico ha conseguido la felicidad.
En el mismo sentido, le escuché al gran intelectual William Ospina, que la humanidad ha vivido muchos más tiempo, sin los recursos de la actual tecnología que con ellos, demostrando fehacientemente, que no son indispensables para la humanidad.
Muchos adelantos de la ciencia cobran al planeta por su uso. Miles de especies han pagado con su extinción la utilización de los mismos. La pregunta que surge es: ¿ La especie humana sobrevivirá a sus creaciones?
Una de las tecnologías que más han revolucionado al mundo contemporáneo es la de la Internet. Concebida para uso militar, se expandió a todos los aspectos de la cotidianidad, con una fuerza inconmensurable.
Ha revolucionado a la pedagogía. Recientemente fueron expulsados de una importante universidad colombiana, alumnos acusados de plagiar trabajos ya publicados en la red. Se sabe de un alumno “ilustrevich” que hizo lo mismo impunemente.
La Internet sin embargo ha favorecido la soledad. ¿Para qué ir a la biblioteca pública si desde la intimidad de mi alcoba puedo consultar toda la información posible? Además evito coincidir con algunos congéneres.
La intimidad de la alcoba ha ido más allá de la consulta de información para una tarea o para una tesis. Millones encuentran, gozan y se hacen adictos a la sexualidad cibernética.
Algunos buscan compañía mediante la red. Son los menos. La mayoría buscan estar solos en la realidad, pero acompañados de millones en la virtualidad, para fantasear, exhibirse o simplemente observar. Lo que ayer fue estrictamente privado hoy se ha colectivizado y convertido en público dice Gerardo Guiza, ensayista mexicano.
Humanos de todas las condiciones, credos y razas viven su erotismo y estimulan placeres ajenos en la red. El erotismo normado por la sociedad se hace añicos por la sexualidad presente en la Internet.
Nuestra especie ha sobrevivido por los instintos básicos que le permitieron a Freud cuajar su concepción de la “livido”: el deseo de comer y el deseo sexual para garantizar la reproducción. El segundo necesariamente en compañía y el primero preferiblemente.
Si los humanos resuelven el deseo sexual por la Internet, sobrevivirán a la amenaza del sida, pero probablemente sucumbirán al virus responsable de la soledad.