domingo, agosto 27, 2006

Confesión a tiempo
Jaime Calderón Herrera

jaimecalde@yahoo.com

22/08/2006
De humanos es errar, lo sabemos con certeza.
Hay errores que ocultamos hasta la muerte, pero hay otros que pesan demasiado y solo haciéndolos conocer, logramos liberarnos de su carga.
Gunter Grass acaba de revelarnos su gran pecado.
A los 17 años, se enroló en las “Waffen SS”, e hizo parte de la División Panzer, desde 1944 hasta el final de la guerra.
Su confesión la hizo ante los medios y en la antesala de la publicación de su autobiografía. Por supuesto, dejó estupefactos al pueblo alemán y a los miles de seguidores de su obra, en todos los confines del planeta.
Ganador del premio Nobel de literatura, conciencia moral de la Alemania de la postguerra, su obra, que se inició con “El Tambor de lata”, confrontó el horror del nazismo, mientras él, el gran escritor, se cuidaba de ocultar su participación en él, aceptando solamente una contribución marginal y obligada.
Pero Grass, fue simplemente una víctima más de la propaganda hitleriana. Él, como la mayoría de los niños y de los jóvenes de su época, sucumbieron ante los cantos marciales, dirigidos a una sociedad humillada, con la autoestima por el suelo, propicia para despertar los deseos de venganza, ocultos en todas las almas humanas. Grass como tantos otros, fueron liberados de los controles morales y éticos. Todo para encauzarlos en la brutalidad, en el genocidio.
Cualquier sociedad, alemana, keniana, somali, o colombiana, siempre, pero siempre, está vulnerable a los cantos de guerra.
La propaganda, allá como aquí, entonces como ahora, como en cualquier tiempo, seduce. Encuentra la justificación, los supuestos buenos propósitos de reparar los daños, encuentra la consigna de vencer al mal, encuentra los argumentos para convencer a niños y a jóvenes de una política necrofílica.
La confesión tardía de Gunter Grass, no empaña su grandeza como escritor. Resta, por supuesto, credibilidad a su autoría moral, pero no la liquida.
Hay que reconocer el valor que tuvo para dar a luz la verdad en vida; sabe que debe afrontar las críticas, las más benévolas lo calificaran de hipócrita, las más severas, de traidor.
Muy probablemente nadie hubiera descubierto su secreto. Probablemente, alguien pudiera haberlo hecho. Ahora, Gunter Grass está más liviano. La verdad ha expiado su pasado. La justicia le reconocerá la verdad, y su obra, habrá reparado el error de su juventud.
El ejemplo de Grass, debería ser tomado por muchos de nuestros llamados líderes. Si contaran sus errores, si contaran sus vidas y sus acuerdos, si afrontaran sus verdades, no correrían el riego de que el tiempo les hiciera justicia.